SONORIDAD INTERNA
Sonoridad interna
Mundos paralelos en las pinturas
de María Aranguren
Aurora Herrera
Comisaria
María Aranguren (Madrid, 1961) afirma con rotundidad: «Soy una pintora», frase que resume su larga trayectoria profesional y vital, que comenzó en la década de los
ochenta, tras su paso por la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Desde aquella época hasta nuestros días, María no ha dejado de trabajar desde una absoluta y apasionada
identificación con un espacio donde se entrecruzan la línea, la geometría, la luz y el color. Numerosas exposiciones individuales y colectivas, realizadas con anterioridad, dan fe de su investigación como creadora a nivel nacional e internacional. Su obra ha sido premiada en diversas ocasiones y sus pinturas forman parte de colecciones públicas y privadas. María Aranguren no es ajena al profundo carácter experimental e interdisciplinar, que entraña todo su proceso de creación artística. Desde finales del siglo xx realiza escenografías para producciones musicales de Arte-4 en el Teatro Jovellanos de Gijón, el Museo del Traje de Madrid o el Corral de Comedias de Almagro. Desde 2017, y en paralelo, trabaja con aplicaciones informáticas de dibujo y pintura, que le permiten elaborar las obras en directo, colaborando en conciertos de música contemporánea
con Brouwer Trio en el recinto del Palau de la Música de Valencia.
El Espacio de Arte Contemporáneo El Castell (ECA) de Riba-roja de Túria acoge, en el mes de julio de 2019,
la exposición «Sonoridad Interna. Mundos paralelos en las pinturas de María Aranguren», que reúne obras,
de diferentes formatos, realizadas por la artista entre 2009 y 2019.
Esta exposición permite a la artista cerrar un periodo creativo sobre el que ha experimentado, entre otros
temas, sobre el soporte, entendido dualmente como recipiente y trama. La base elegida, en general, es el
policarbonato celular, muy utilizado en la construcción arquitectónica, compuesto por una serie ilimitada de
celdillas lineales, paralelas, que permiten aumentar su rigidez.

Este material, que intrínsecamente, abandona la bidimensionalidad hacia las tres dimensiones, permite
el paso de la luz y dado su capacidad de contenedor, el relleno de pigmentos y otros materiales.
La no separación entre contenedor y contenido introduce un factor muy interesante y audaz desde el punto de vista conceptual al igual que el orden reticular implícito en el policarbonato, donde las líneas correspondientes a la trama lineal y paralela tejen una estructura base que permite dar rienda suelta a nuestra ilusión bajo el poder de la lógica seriada.

 

La presencia del soporte como receptor y la retícula, como entidades espaciales, posibilitan la existencia
de una suerte de contradicción muy seductora entre los valores de la ciencia –la métrica y la matemática–
y los valores espirituales –la abstracción– manteniéndolos,
consciente o inconscientemente, como elementos reprimidos. Si nos movemos en el campo metafórico, el poder mítico de la retícula y en este caso la retícula implícita en el material, sirve de apoyo compositivo a la vez que ofrece la oportunidad de introducir la ilusión y la imaginación introduciendo en la obra pictórica de María Aranguren una gran riqueza formal. La imagen del trapecista capaz de hacer lo imposible en el espacio, protegido por una malla que le posibilita tener más grados de experimentación aérea o la del pentagrama, que sirve como soporte de la escritura musical, libre y heterogénea, nos plantea la fascinación que ese material –el policarbonato reticular–, translúcido, rígido y estructurado, ha ejercido en la obra de esta artista, al concederle múltiples grados de libertad, ofreciéndole una escalera hacia lo Universal.
En la obra de María Aranguren aparecen varios factores
sustanciales que podríamos resumir en: la presencia de la luz, el color, la geometrización, el espacio y el azar.
Sus pinturas están llenas de armonías, de sonidos internos, que son percibidos casi vibrando entre las líneas que pinta o rellena, pigmentos y materiales que utiliza a marera de collage tridimensional. Trabaja con los reflejos y refracciones que le permite el soporte. La transparencia del material nos dirige a los vitrales policromados que permiten materializar la luz, sus cambios y el tiempo.

 

Todo en conjunto conduce a la percepción de un sonido interno que brota entre las acanaladuras. Una sonoridad interna que hace que sus pinturas sean audibles en su más profunda esencia. A esta sonoridad interna contribuye el orden que impone el color, la luz y a la vez las
vibraciones que en contraposición introduce el carácter matérico de su obra.

Para María Aranguren otro de los factores fundamentales es la presencia del azar, como parte sustancial en su proceso creativo. Su trabajo requiere de laboriosidad, de técnica artesanal, de dedicación y tiempo. Sus estructuras collages, sus variaciones, preminentes en su obra, permiten ser sorprendidas por el azar y su toma de conciencia. Afronta el hecho creativo asumiendo cambios y riesgos desde la casualidad y su reconocimiento, desde la aventura y el riesgo, incorporando nuevas interpretaciones y combinaciones del color y materiales. El azar la sorprende en su proceso creativo con experiencias formales novedosas y versátiles. Ese posicionamiento frente a la obra pictórica es sustancial en su obra, incrementado su valentía y su capacidad de compromiso con lo que pinta.
Las obras que se exponen en el Espacio de Arte Contemporáneo
El Castell (ECA) de Riba-roja de Túria han sido seleccionadas de varias series realizadas en la última década, por la artista, –Entropías, Espejos, Celular, Cruces, Transparente, Homenaje a Sempere, Inside/out, Via Crucis– Tienen en común el soporte semitransparente del policarbonato celular, la experimentación abstracto geométrica que aborda la manipulación sobre la figura, el fondo, el contorno y el interés por lo óptico y lo cinético.

Las obras que se muestran en la exposición, brotan de una necesidad interior de esta artista por expresarse,
diría que conservan una suerte de huella personal, de adaptación en lo dimensional que permite a la artista
fabricar, manipular y desplazar sus pinturas como lo haría una artesana que necesita de su cuerpo para realizar una obra de arte bien hecha.

 

En sus pinturas María Aranguren nunca ha olvidado el poder que ejerce el color, la idea, y la luz ,en definitiva aquello que constituye la percepción musical de la pintura para el oído espiritual del espectador que quiere participar de su obra.Nunca he creído en una verdad única. Pero he descubierto que aquellos artistas que hacen útiles y ciertas sus teorías, se comprometen con su trabajo con una coherencia y contundente certeza. El paso del tiempo les plantea cambios, modificando sus puntos de vista, sin
abandonar la afirmación que imponen con lo que hacen. 

Este es el caso de María Aranguren que ella misma ha manifestado lo siguiente: «En el verano de 2017, después de ocho años trabajando con policarbonatos necesitaba cambiar, asumir riesgos y afrontar nuevos compromisos con la pintura…..He mantenido la premisa de no ponerme barreras ni en la elección de las ideas , ni en la forma de resolverlas gráficamente, incluso a costa de perder coherencia por el uso de diferentes lenguajes pictóricos o de manejar conceptos diferentes de un mismo texto». Este posicionamiento creo que incrementa su calidad como artista y creadora. Asume los riesgos del cambio. 

Concluyo con una reflexión del gran director escénico Peter Brook, que en su prefacio del libro Más allá del espacio vacío expone: «Para que cualquier punto de vista sea útil, uno debe comprometerse con él totalmente, debe de defenderlo hasta la muerte. No obstante, al mismo tiempo, hay una voz interior que nos murmura: “Afírmalo con fuerza. Abandónalo con ligereza”».
María Aranguren, pintora y poeta.