AL HILO DE... LA FOTOGRAFÍA
AL HILO DE…
LA FOTOGRAFÍA
Mira Bernabeu, Ángel Marcos,
Ana Palacios, Castro Prieto, y
Gervasio Sanchez
Gervasio Sánchez, Juan Manuel Castro Prieto, Mira Bernabeu, Ana Palacios y Ángel Marcos son los nombres y apellidos de los cinco grandes artistas que forman parte de la exposición «Al hilo de...», que exhiben y presentan estos días sus muestras en las salas del Espai d´Art Contemporani. Un itinerario único que nos muestra la fotografía como ese instante cargado de emociones y significado.
Aprender a mirar es algo que podemos educar, pero para ello es necesario ver mucha fotografía y, además, hacerlo de una manera activa. Una imagen debe ser capaz de trasmitirnos alguna idea o emoción. En ningún caso debe dejarno indiferentes. Nos invita a investigar sobre los posibles porqués que llevaron a un autor a participar con su mirada esa realidad y qué quiso transmitirnos con ello. Ahora, el ECA, Espai d´Art Contemporani de Riba-roja abre de nuevo sus puertas a una propuesta cultural singular, haciendo de éste un lugar de diálogo, creación artística y un espacio de comunicación y experimentación.

 

Diferentes lenguajes de la fotografía
contemporánea española
Alicia Ventura
Al Hilo de… pretende ser una plataforma expositiva, de diálogo, de investigación y de práctica. Además una plataforma educativa donde se exploran las posibilidades de esta disciplina artística.
Para abordar el tema desde diferentes puntos de vista y abarcar el mayor número de lenguajes, se proponen cinco muestras simultáneas que intercalan diferentes lenguajes o discursos de la fotografía. 
Gervasio Sánchez – Vidas Minadas nos acerca al mundo del fotoperiodismo. Premio Nacional de fotografía 2009. Una muestra en colaboración con el proyecto DKV Arteria de la compañía DKV Seguros. Presentada en las salas de arte más importantes de nuestro país y que ahora recorre cada rincón del territorio.
Juan Manuel Castro Prieto – La Seda Rota. Juan Manuel es Premio Nacional de fotografía 2015 y él mismo se denomina “fotógrafo”. Muy conocido por ser el positivador de “los grandes”. Cristina Garcia Rodero, Garcia Alix, el propio Gervasio Sánchez no exponen una sola obra que no salga de su estudio. Una exposición que se pudo ver en Madrid con fabuloso trabajo literario de Andres Trapiello. 
Mira Bernabeu – Panorama de bienes y servicios. La denominada fotografía contemporánea. Bien conocido por todos sus trabajos artísticos y por ser el director de espaivisor, una de las grandes galerías de fotografía europeas. Una exposición producida por DKV Seguros y el Hospital de Dénia que ha estado presente en el Centre d’Art La Panera de Lleida y otras salas del panorama español.
Ana palacios – Albino. Un trabajo entre lo documental y el fotoperiodismo.
Como denominara el propio Gervasio, “nuestros alumnos y futuras generaciones que nos acercan de una manera solidaria y social a un problema del denominado tercer mundo”. Con un recorrido de dos años de itinerancia y que recala por primera vez en la provincia de Valencia. 
Angel Marcos – La subversión íntima. Un trabajo derivado de su participación
en la 55 Bienal de Arte de Venecia donde también colaboró la compañía
DKV Seguros.
Cinco muestras de mucho calado que se exhiben al mismo tiempo en las salas del E CA de Ribarroja del Turia ocupando su totalidad y con independencia entre ellas. Históricamente hablando y como muy bien recoge Publio López Mondéjar en su libro “Historia de la fotografía en España”, la introducción de esta materia que devendrá en arte, se da de la mano de antiguos daguerrotipistas extranjeros que lo vendían en mercados ambulantes. Se puso de moda como cualquier otra atracción o acción novedosa y se ofrecían maravillosos retratos ante el asombro de los visitantes. Hablamos de mediados del siglo XIX en España. El maestro peruano y uno de los padres de la fotografía internacional, Martín Chambi, al que tanto admiró y estudió el propio Juan Manuel Castro Prieto para algunos de sus trabajos, parece ser que era uno de estos vendedores ambulantes.

 

Pero no serán el grueso de estos “magos de la realidad” los que impulsarían los avances más destacados en la técnica y soportes sino que será gente dedicada a la ciencia y profesiones liberales los que moverán a un sentido más cultural como entendemos hoy la fotografía. Resumiendo mucho, pues este texto no trata de ello (recomiendo la lectura del citado libro de Publio López Mondéjar), el colodión será el procedimiento que acabará definitivamente con las limitaciones técnicas. A partir de su aplicación la fotografía se va a sumar como el instrumento más importante para documentar el universo.
La fotografía se convertirá en el más certero intermediario entre la realidad y el público, hecho que preocupaba a algunos pintores y que fue aprovechado, en cambio, por otros. Ya desde antaño el intrusismo de unos sectores artísticos hacia otros se ve en la propia fotografía. Tenemos grandes retratistas pintores haciendo fotografía como medio más rápido y en el que se gana más dinero o como retocadores de fotografía de retratos. Y, al mismo tiempo, grandes pintores a los que las técnicas fotográficas les ayudarán a alcanzar sus metas en temas de luz, color, véase Degas, Cezanne o Manet. La proliferación de estudios fotográficos para retratos fue evidente y así nos lo va hacer ver aquel que comenzó como vendedor ambulante, el maestro Martín Chambi, que tendrá uno de los principales estudios de la época que marcarán el estilo más allá de sus fronteras.
La fotografía que realizan los fotoperiodistas bien o mal llamados algunos, según se mire, tuvo sus inicios en un entorno que no permitía la impresión de muchas de ellas a nivel de imprenta pero sí que se consideraban un documento histórico. Sería en las guerras. El ejemplo lo tenemos en las que se hicieron en la Guerra de Secesión norteamericana. Ellos fueron los primeros fotoperiodistas.
En el caso del reporterismo fotográfico de los grandes eventos en España, los primeros trabajos fotográficos destinados a la prensa se realizarán alrededor de 1860. Su primer antecedente lo encontraremos en una lámina publicada en 1852 por el Diario mercantil de Valencia. La revista gráfica Blanco y Negro supondría la gran incorporación de la fotografía en la prensa española junto a la revista moderna sería en la década de 1890.
Los años de represión donde la censura intenta esquilmar la información, los reporteros se harán más reivindicativos y serán, al igual que sucede hoy en día y desde entonces, el elemento clave para el conocimiento de los verdaderos sucesos allá donde se encuentren. Testigos de una realidad y por algunos llamados héroes. Aquellos años fueron muy renovadores para el lenguaje fotográfico del reportero y, por sí, de la fotografía de su tiempo. Se convirtieron en una fuerte oposición al franquismo marcando una tendencia de posicionamiento político que se lleva hasta nuestros días contra diferentes gobiernos autoritarios. La agencia más emblemática de la transición se llamó Cover creada en el 1979 por Jordi Socías y Aurora Fierro que se mantuvo hasta el 2006 que fue absorbida por el grupo JupiterImages y que supuso su definitiva liquidación en el 2008. Entre los colaboradores de esta agencia estará Gervasio Sánchez, del que mostramos uno de sus trabajos en esta sala y en este libro.

 

Respecto a la fotografía que llamaríamos artística nos encontramos con la voluntad de separación de sus autores de lo que se llamaba arte o tendencia pictorialistas o academicistas. Los fotógrafos pretendían que simplemente se llamara fotografía y no algo que imitara la pintura o con fines de imitación. Reclamaban su independencia y su valía como algo diferente, novedoso. Un lenguaje válido por sí mismo y un arte en mayúsculas digno de cualquier mercado, así como de su entrada en galerías de arte para ser vendido a museos y coleccionistas. Estas reivindicaciones se darán juntamente en Europa y EEUU a partir del año 1950, formándose grupos que propugnaban la libertad creadora del fotógrafo y luchaban por hacer algo más propio y singular. Todo estaría empujado y subrayado por la creatividad obviando e incluso pasando por encima de la técnica sin que ésta fuera menospreciada, al contrario, un instrumento más de manipulación para la creación de nuevos y desconocidos lenguajes con los que asombrar a los compradores, críticos, comisarios, y diferentes agentes.
En fin, ya era evidente la pugna que vendría a posteriori entre la técnica del preciosismo, la imitación de la naturaleza y la subjetividad o más pura creatividad del artista fotógrafo.
En los años 60 en los salones, los fotógrafos más importantes, artistas fotógrafos como Pomés o Masats harán un intento de ruptura. Aunque sus trabajos siguen la línea del reportaje es evidente que son diferentes a los que podrían realizar un reportero, están impregnados de lo que llamaremos arte. La editorial Lumen jugará un papel muy importante, y será la plataforma de estos que se denominarían entonces jóvenes artistas.En palabras de Publio López será la renovación documental de los 60. Fotógrafos como Paco Gómez o Carlos Perez Siquier, el más rupturista de todos, crearán el nuevo lenguaje decididamente intimista, un lenguaje austero y muy original dando paso a la poesía natural de las cosas.
Y trascurridos los años, en los que cada uno de los protagonistas de este devenir de la historia pugna por dar a conocer su creación, su descubrimiento o simplemente por ser testigo fidedigno de un suceso, llegamos a la década de los 90 en España que al igual que en otros países y como diría Tomas Llorens en el 2002, se somete a la dictadura del mercado del arte. Mientras en estos años, la tecnología irá ofreciendo infinitas posibilidades, de la fotografía analógica se llegará a la digital, los ordenadores. Nuevos caminos y nuevas formas, nuevos soportes nuevos medios de expresión que trazarán en algunos casos una línea divisoria entre el fotógrafo llamado puro y el artista.

 

Todas las disciplinas plásticas tendrán un cierto servilismo del mismo y se producirá una hibridación, una mezcla de técnicas y estilos a demanda del comprador. Ley de oferta y demanda. Época de bonanza, de pintura de grandes formatos, fotografías ampliadas a tamaños espectaculares, numerosas imitaciones de grandes maestros. Para algunos esto será el fin de la fotografía en cambio veremos que durante muchos años será una de las corrientes predominantes en ferias y galerías de arte.
Hay quienes opinan que esta es la premonición de la muerte de la fotografía porque se fija más en el espectáculo que en el detalle de la revelación y comienza la escisión más clara entre reporterismo y fotografía o artistas fotográficos.
Así pues, estas diferentes corrientes o lenguajes que vemos en el espacio del E CA, no llegarán aquí reñidas entre sí, sino por convivencia amistosa y necesaria a modo de testimonio de la realidad actual vista desde diferentes y complementarias perspectivas. Y convencida en la creencia por parte de la que suscribe, de que todas y cada una de ellas son ARTE, aunque a alguno de ellos este tema no le preocupe ni le ocupe.
Es el mercado del arte, algunos críticos y comisarios, algunos coleccionistas, los que están marcando todo este conflicto entre las corrientes, entre fotógrafos- artistas, artistas fotógrafos, reporteros, honorarios, fotoperiodistas, autores de documentales, etc. En cambio para mí supondrá un continuo enriquecimiento como si de una lengua se tratara. Diferentes formas de “llamar” o describir un mismo objeto o situación, un lugar, un paisaje, una acción. Tanta diversidad y diferentes caminos llegarán a un mismo lugar con recorridos e historias diferentes que nos muestran el abanico amplio de la naturaleza del hombre, de la vida y su devenir. Obras como las de Juan Manuel Castro Prieto, Ana Palacios, Mira Bernabeu, o Ángel Marcos y Gervasio Sánchez serán testimonio del recorrido existencial de las personas, retratando lo real, las cosas más cercanas, cotidianas, rostros, hechos, guerras, con su propio vocabulario pero a través de un lenguaje universal al común espectador. Luchando por un espacio en la fotografía, como ellos dicen, llámese dentro del mundo del arte o no, pero de la fotografía en mayúsculas.

 

Ángel Marcos, nace en Medina del Campo en los años 50. Una carrera artística que comenzó después de años de formación en el mundo del diseño, de la publicidad y en la “universidad de la vida” como él mismo dice. De tierras austeras, rudas y duras conforma su trabajo desde su primera serie “Paisajes”, en el año 97, donde se observa la desolación, la huella del hombre, el abandono, el no lugar, la ausencia, aquello que no queremos ver, los deseos más escondidos. La idea de enajenación social. Obra sin embargo bella donde las haya y maestro en el manejo de los diferentes soportes donde ser mostrada la obra. Sus fotografías no dejan de ser magníficas imágenes, segundos, momentos que devienen en muchos casos en una instalación que circunscribe y alienta al espectador a convertirse también en autor del suceso o de la propuesta.
La subversión íntima, el trabajo que aquí se muestra, es, en palabras del propio Ángel Marcos, “esa parte de nuestro pensamiento, de nuestra afectividad y de nuestras actividades que reconocemos en los otros…tengo un fuerte vínculo afectivo con mi pueblo natal y su gente, por esta relación de conocimiento de los lugares y de la memoria afectiva que mantengo con los barrios de Las Tudas y de La Mota elegí sus casas, calles y familias para desarrollar el cuerpo fundamental del trabajo. Son dos barrios más bien aislados del núcleo urbano y en los que se dan unas relaciones interpersonales muy próximas, donde las acciones o decisiones de un vecino son reconocidas fácilmente y tienen una repercusión inmediata entre el resto de la comunidad, no son anónimas, tienen respuestas inmediatas. También son barrios de clase trabajadora que han construido sus casas con mucho esfuerzo, por lo que no solamente se sienten propietarios de sus hogares, también se sienten responsables del entorno urbano.” Como diría en su titular el periódico La Nueva España, cuando se mostró este trabajo en el Museo Barjola de Gijón: “lo que hay en las fotos en una negativa a olvidar de dónde vengo”.

 

Mira Bernabéu, alicantino nacido en el año 1969, es el fotógrafo llamado de la puesta en escena y de los panoramas. En algunos casos marcadamente teatral. De carácter seriado. La huella del teatro está presente en todas las etapas de la evolución del artista. En muchos casos hacen referencia a la literatura y están cargadas de conflictos de formalización, muchas veces barroca como la propia escena del teatro o bien por los personajes o por las acciones, pero claramente plantando cara al despertador. Este proyecto fue un encargo del Hospital de Dénia y DKV Seguros en el año 2010 y que le llevó durante más de año y medio a visitar el hospital y corretear, como uno más, con su bata blanca, fotografiando aquello que más le podía interesar: los restos de las intervenciones, los lugares menos comunes, menos vistosos, “la trasera” de las salas, los despojos. Se ha separado voluntariamente de los pacientes, del dolor, de la enfermedad, de la muerte o del nacimiento.
Los retratos del personal que allí trabaja, miran fijamente a la cámara,desafiando al artista, seguros de sí mismos y de lo que allí sucede. Se podría tratar de fotogramas para narrar una película en la que mostrar de forma diferente aquello que es importante y que no se ve.
Panorama de Bienes y Servicios es un proyecto fotográfico documental que acaba ampliándose con las posibilidades compositivas, expositivas y conceptuales de la fotografía artística. Este proyecto consigue transmitir la complejidad de un centro hospitalario y un oficio que implica cuestiones éticas e ideológicas. Se torna aquí como un estudio de caso del propio hospital” con opiniones diversas y profesiones interconectadas.

 

El perfil de Ana Palacios, la más joven de todos ellos pero con una carrera meteórica que pronostica grandes logros, es el de una persona entregada a la idea de comunicar y transmitir. Su formación periodística y en cine se adivina en el modo en que estructura sus proyectos, en como detecta lugares, personas e historias que permanecen alejadas del foco de la actualidad informativa. Ana nos emplaza frente a una situación humana terrible demandándonos una respuesta a nosotros mismos y a la sociedad. La función comunicativa y social de su trabajo, la activación de un compromiso empático con la situación denunciada, está sobradamente conseguida.
Ana Palacios declara una y otra vez que no podría ir a lugares de conflicto muy duros, que su mundo está enfocado a la denuncia y a la puesta en conocimiento a la sociedad de problemas cercanos y de soluciones. Otras realidades diferentes a la nuestra. Todo medido y todo calibrado. Algo de esto tiene su obra. El proyecto Albino, renuncia al dramatismo en las composiciones. El encuadre, de la fotografía, el uso de la luz y la elección de la paleta de colores constituyen un enorme acierto estético y perseveran en la idea de proponer desde “lo vivo”, huyendo de lo más oscuro. Los protagonistas no se nos proponen como símbolos o emblemas, no son la representación visual de una idea o concepto preestablecidos. Son personas vivas, captadas en momentos de sosiego, de intimidad y de esperanza.
Su fotografía está en medio de lo que llamarían algunos, y yo misma, artistas fotoperiodistas.

 

La fotografía artística y el fotoperiodismo avanzan a menudo por sendas que no llegan a cruzarse. Sin embargo, la concesión del Premio Nacional de Fotografía a Gervasio Sánchez parece que señaló un cambio de tendencia. Refleja una creciente valoración (insisto, no sólo social, sino cultural y artística) de la fotografía documental, una legitimación para el medio por el que personalmente he apostado desde mi etapa de galerista en Barcelona. El trabajo de Ana Palacios nos muestra ejemplarmente como las distinciones entre el valor artístico y social de la fotografía, entre imagen como construcción estética e imagen como elemento de comunicación, constituyen en el fondo falsas dicotomías.
Y no sólo su obra, también la del propio Gervasio así nos lo sugiere y muestra. Vidas Minadas, un proyecto, como él llamará, de “vida”, de planteamiento, de lucha, comenzado en 1995 y aún en proceso. De protesta y propositivo que se muestra a un mundo hipócrita y falso, donde gobernantes que defienden la paz siguen fabricando y vendiendo armas. Éste es Gervasio Sánchez y ésta es su obra: rotunda, real, contundente y cercana. Amigo de los retratados y con un compromiso firme de solidaridad. Con la colaboración de Intermón Oxfam, Médicos sin fronteras y Manos Unidas y siendo su principal colaboradora la compañía DKV Seguros que utiliza esta muestra para la concienciación de todos.

 

Juan Manuel Castro Prieto, es un fotógrafo con un buen número de trabajos a sus espaldas. Además es el positivador de algunos de los que aquí participan siendo esta condición importante para el trabajo de grandes de la fotografía como Cristina García Rodero, García Alix, etc. Desde sus primeros trabajos y hasta la actualidad, su creciente dominio del enfoque y desenfoque, así como de la luz, textura y composición caracterizan la mayoría de sus trabajos. Sus viajes para revisitar la figura de Martín Chambi nos darían a conocer y desde ahí cada una de sus proyectos refleja y supera al anterior ¿Es sólo fotógrafo? No, es artista. Aunque el siempre anteponga la fotografía al arte. Gusta más de llamarse así.
Este trabajo, uno de los menos mostrados, constituye para mí un compendio de cualidades y adjetivos que definen su trayectoria y su forma de hacer. En un piso de Madrid, como en la sombra durante 90 años y con los peligrosos escollos de la guerra por medio, se conservó milagrosamente preservada de especulaciones o desidias parte de la más importante historia de la pintura y del arte español es del siglo XIX y en concreto de la ciudad de Madrid. Allí, perfectamente conservados, esperaban no sólo uno de los conjuntos más importantes de pinturas de la familia Madrazo, sino cientos de vestigios y documentos valiosísimos para los estudiosos historiadores y el rastro que dejan tras de sí todas las vidas y su devenir.
Tal y como lo halló Castro Prieto, así lo fotografío en sucesivas sesiones, con sumo cuidado y sin mover del sitio ninguna de las piezas encontradas. Nada ha sido allí puesto o colocado con pretensiones escenográficas o artísticas. Castro Prieto gusta de llegar a un lugar y solicitar que nada se mueva, dejarlo solo, con la luz moldeando y jugando sobre los objetos, las paredes, sombreando y generando espectros o paisajes nuevos incluso a modo pictorialista, al menos en esta serie.
La figura de Andrés Trapiello en este trabajo es igual de fundamental, relato y fotografía van de la mano. Ambos lenguajes se unen y utilizan la misma partitura musical para constituir la armonía principal y sus acompañamientos y variaciones, florituras que devienen del “sonido visual” del lugar. El desenfoque en la técnica de Castro Prieto deviene en el misterio del relato.
En conclusión, diferentes lenguajes, diferentes formas de ver la realidad o de construir nuevas. Propuestas de futuro, testimonios del pasado y del presente. Discursos denunciantes, propositivos, estéticos, misteriosos, intrusistas y, en todo caso, cargados de lo que denominamos, bajo mi punto de vista, ARTE. Arte en letras mayúsculas puesto que la mirada es subjetiva, bella, espeluznante, dulce, cruel, diferente, propositiva, ensalzadora, crítica, y en todos los casos museística.
¿No es el arte un instrumento del reflejo del devenir del hombre, de la naturaleza y de la vida en sí? Algo bello o feo pero excitante, provocador, sugerente, espiritual. Un espejo donde mirarnos de forma no totalmente sinónima sino a modo de sueño, irrealidad, deseo, anhelo, engaño y tantos sustantivos como existan en un diccionario. Saquemos pues de la estantería un tomo más del mismo y adquiramos nuevas formas de entender la realidad. Sin duda un ejercicio enriquecedor y creativo.