EL MUNDO GEOMÉTRICO
EL MUNDO
GEOMÉTRICO
Enric Mestre
Mestre, un maestro de la estética que llenará con la esencia de sus obras, murales y escultóricas, los espacios del ECA. Esta exposición nos abre una ventana a las diferentes épocas en la trayectoria del artista de Alboraya, que ha sabido dar un toque poético al racionalismo, a la geometría de sus obras, dotándolas de una gran calidez, a través de una acertada combinación de colores puros y materiales. En esta nueva propuesta, Enric Mestre nos muestra su concepción del arte, a lo largo de más de 50 años de trayectoria profesional. Con su particular visión de lo estético, nos sorprende con su inigualable capacidad de comunicar a través de sus obras. Una expresión personal y única que ahora tenemos la oportunidad de contemplar en Riba-roja.

 

Construcciones imaginarias & geometrías vividas
Dialogando, sin prisas, con las pinturas y esculturas cerámicas de Enric Mestre,
en los espacios del Castell de Riba-roja.
Román de la Calle
En este recorrido que a través de la escritura y la reflexión propongo, “con el artista” y “desde sus obras”, como homenaje al profesor y artista Enric Mestre (Alboraya, 1936), nos toparemos, antes o después, querámoslo o no, con sus duales propuestas artísticas. No en vano “con” y “desde” no dejamos de movernos, “por prescripción expositiva”, siguiendo el particular montaje de la muestra de Riba-roja, en los aledaños de su propio entorno creador. La verdad es que, por imposición de su personal trayectoria artística, no podemos centrarnos en sus impactantes pinturas, sin dejar de pensar en sus paradigmáticas esculturas cerámicas. Y a la inversa, ¿cómo limitarnos al universo de sus cerámicas, una vez descubierto, en paralelo, el efervescente y complementario contrapunto de su actividad pictórica? Una actividad dual, que siempre le ha acompañado.
Reconozcamos, pues, que, al entrar en el particular mundo de su producción artística, estamos condenados, para siempre, a correlacionar la personal contemplación de sus cerámicas con la paralela emergencia en nuestra mente de sus sorprendentes y cuidadas construcciones pictóricas, como diferenciadas y complementarias referencias estéticas. Eso me viene sucediendo a mí, desde hace mucho tiempo, como puntual seguidor de sus trabajos. En ese juego de alternativas nos sentimos, pues, directamente apresados, una vez más. De ahí que quizás convenga hacer el esfuerzo metodológico, como estratégica vacuna previa, de no dejar nunca entre paréntesis, la opción de referirnos, en simultaneidad, a sus cerámicas, cuando ejercitemos el acercamiento investigador a sus trabajos pictóricos. Quizás lo mejor sea, por tanto, sustentar el esfuerzo de correlacionar, con habilidad, ambos registros, haciendo dialogar interdisciplinarmente sus cerámicas con sus pinturas... y también, además, intentar correlacionarlas, siempre, con las secretas arquitecturas, que anidan plenamente, a sus anchas, en sus ensueños y fantasías constructivistas.

 

Así lo aconsejamos, pedagógicamente, de ordinario. También, de forma efusiva, lo hacemos ahora, frente a esta compleja muestra de sus obras, instalada en los espacios del Castell, donde esperamos que acudan sus numerosos amigos y seguidores, que conforman, de hecho, una secreta escuela admirativa, fruto, quizás, de la ejercitada y efectiva pedagogía puesta en práctica por el profesor Enric Mestre, a caballo, siempre, entre el saber y el enseñar, entre el descubri- miento y el hallazgo, entre la sorpresa y la reflexión. Tareas polivalentes y rotundas, pues, las de nuestro estimado Mestre, tanto en sus cerámicas como en sus propuestas pictóricas, abiertas, por igual, al tacto controlado y a la visualidad armónica. Incluso en las series pictóricas, las formas y los colores se integran, de pleno, en sus obras, como si se tratara, cada lienzo, de un paño escultórico referencialmente seleccionado. Tal es el juego secreto que, potenciando su creatividad, se hace explícito y evidente, a lo largo de nuestro deambular inquisitivo por su producción artística de lustros y décadas, encadenados.
A veces, sumamente sorprendidos, nos damos cuenta de que el espacio pictórico puede devenir ejemplar campo de pruebas texturales y de contrastación de cromatismos, tomados decididamente en préstamo de la misma actividad cerámica. Es como si la pintura nos quisiera hablar de la cerámica, minuciosamente, respondiendo al reto sobrevenido, entre los dedos de la imaginación, que enfatiza y potencia sus capacidades de engaño perceptivo. Diálogos inagotables entre estructuras, geometrías, texturas, formas y colores.
De un tiempo a esta parte, hemos ido reiteradamente descubriendo toda una selección de pinturas que, casi en secreto, en la tranquilidad geométrica de su estudio, Enric Mestre ha impuesto recientemente una tras otra a las metamorfosis plásticas que alberga su mente, nacidas, como obras independientes, del codificado lenguaje que va trazando en sus cuadernos de apuntes y dibujo, convertidos en inagotables depósitos / reservorios de durmiente creatividad pautada. De ahí brota un seductor y renacido trabajo continuo, totalmente oscilante entre la pintura, la escultura y las arquitecturas imaginadas. Enric Mestre necesita, casi de manera obsesiva, experimentar cotidianamente, como versátil salvavidas y ejercicio obligado de mantenimiento personal, para seguir creyendo en las posibilidades de una existencia compartida, discretamente, con la acción artística. Tal es el mensaje de base, que nos lanza a bocajarro, el comprometido autor de estas enigmáticas composiciones interdisciplinares, desde su taller, mientras continua de forma obsesiva viajando, cada madrugada, de la pintura a la cerámica, para reiniciar, de nuevo, cada tarde, el camino inverso, en su retorno. A menudo, hemos pensado que Enric Mestre sin duda, una de las figuras más consolidadas en el panorama nacional e internacional de nuestro arte contemporáneo, comprometido éticamente con su profesión está quizás condenado a experimentar incansablemente y a revivir procesos de innovación, día tras día, nacidos, siempre, de los secretos descubiertos a través de sus constantes intercambios con los materiales, en el seguimiento de los procedimientos y las técnicas, en el rastreo de nuevas formas y en el secreto comportamiento de los colores gracias a sus personales transversalidades y aventuras estéticas. Tales son, efectivamente, sus poderes creativos y sus logros artísticos.

 

“Con” & “desde” son los dos senderos abiertos, en esta iniciativa expositiva, de afecto y reconocimiento, por los amigos y seguidores, que queremos acercarnos, a la figura y la obra de Mestre, sumándonos y participando, así, en el homenaje planteado, con esta muestra. Pero justamente, en este caso, el facere del artista irá a la zaga de nuestro theorein, que supone, etimológicamente, tanto el mirar y ver como el reflexionar, manteniendo siempre las obras de Mestre como referencia obligada. Estímulo y reto. Tentación y meta. Así pues, somos plenamente conscientes de que entre la mirada y el tacto, las esculturas cerámicas de Enric Mestre, en su riguroso constructivismo, se nos aparecen, quizás cada vez más, en medio de su drástica y buscada sobriedad formal rodeadas de una especie de aura altamente enigmática. Diríase que nunca nos acostumbramos, del todo, a ellas, que siempre nos atrae su presencia, manteniéndonos, sin embargo, a pesar de todo, respetuosamente como a distancia, expectantes y sorprendidos, ante los secretos que habitan sus obras. Esas son precisamente las distancias, que necesita la mirada, y las proximidades que, asimismo, exige el tacto. ¿Cuántas veces hemos recorrido, por nuestra parte, las historiadas superficies de esas arquitecturas, surgidas de los sueños,
que, en cada caso, nos proponen las impactantes obras de Enric Mestre, acari- ciando con las yemas de nuestros dedos la minuciosa y controlada orografía de sus texturas gres chamotado y engobes, mientras ratificamos paralelamente, con la vista, la perfección de su trazado y la consistente solemnidad de sus volúmenes? ¿Cuántas veces hemos girado igualmente en torno a sus obras, observándolas, desde los más plurales puntos de vista, como para constatar más decidida y minuciosamente el poder de su presencia y contrastar así, mejor, si cabe, el alcance de ese singular misterio, que parece brotar, intermitentemente, del interior de sus inquietantes espacios? A menudo, se ha dicho, como queriendo desvelar un secreto, que son las formas tan características de sus esculturas las planchas rigurosamente calculadas, cortadas y ensambladas entre sí las que determinan el fundamento de su vigoroso lenguaje geométrico, de su poética constructiva. Ciertamente, Enric Mestre ha elaborado, a lo largo de su prolongado itinerario artístico, todo un repertorio de elementos formales, cuyas articulaciones combinadas, a partir de pormenorizados códigos, han sabido generar ascéticos espacios, enlazados interna y externamente, quizás al dictado de una imaginación bien controlada por el cálculo y las opciones racionales, capaces, a su vez, de cobijar sentimientos.

 

No cabe, sin más, hablar aquí, causalmente, de estrictas apelaciones miméticas a concretas propuestas arquitectónicas. Una cosa es influir y otra determinar. Sería un error potenciar una radical y sesgada lectura denotativa de muchas piezas suyas, frente al determinado entorno urbano. Es, más bien, la articulación de un mundo propio, cargado de connotaciones y simbologías autónomas, lo que realmente importa, si por ventura queremos ir más allá de las puras formas y volúmenes, a la hora de justificar sus orígenes.
En realidad, es su interna sintaxis lo que prima. Una sintaxis que genera formas, volúmenes y espacios. Y si nuestra mirada --impactada por los juegos de la percepción y de la imaginación que, en nosotros, motivan estas obras de Enric Mestre-- apela además a la reflexión, deberemos ceder paso y dar cabida al espectáculo de ese mundo interno y propio de la obra, saltando de la imagen al símbolo, de lo sensible a la ordenación, de las cualidades inmediatas a la sorpresa de ciertas claves racionales, que motivas afectos.
¿Cabe acaso una mejor estrategia racionalizadora, a cuyo través, de manera más eficaz, la presencia de la materia se nos muestre, a la vez, no solo en su intensa y rica vertiente sensible, sino además en sus múltiples enlaces, formal- mente constructivos? De hecho, nos movemos directamente, frente a las obras de Enric Mestre, en el pleno dominio de una sensualidad, siempre contenida, marcada por la geometría, mientras nos sabemos igualmente atraídos por la fuerza de las imágenes constructivas, que su cuidado repertorio, una y otra vez, nos propone. Ahí están locuaces y, a la vez, silentes, sus obras.

 

Si el ámbito de lo sensible queda exactamente definido en ese encuentro entre la materia y el sujeto, es decir entre la potencialidad material que se resuelve en presencia abierta a nuestra mirada y nuestro tacto, también hay que tener en cuenta que la imagen resultante, de ese diálogo entre formas, espacios y volúmenes, posee igualmente el carácter dúplice e inquietante de una realidad estética tocada por la alargada sombra de la razón. ¿No es ése el carácter híbrido de estas imágenes, entre la fisicidad significante, que apela a la percepción y a la generosa experiencia de la imaginación, pero que asimismo han sido concebidas al socaire del cálculo y de la geometría? ¿Quién, en alguna que otra ocasión, tocado por la fantasía, no ha pretendido deambular, en silencio, por los espacios escultóricos de Enric Mestre, entre esas paredes ásperas y cálidas, fácilmente dispuestas a rezumar recuerdos, afectos y memoria, entre esos muros y habitáculos que, como pequeños laberintos, encierran misterios? Junto a ese mundo de formas y volúmenes, representado en sus arquitecturas imaginarias, cabe apuntar asimismo la emergencia de un mundo expresado, cargado de enigmas y de silencios, entroncado en el propio juego de los espacios, huecos, pasadizos, escaleras, recodos, angulaciones, muros y paredes. ¿No merece acaso que se reconsidere, aunque sea someramente, el alcance significativo de ese curioso universo metafísico que sus propuestas escultóricas / pictóricas nos insinúan con cierta vehemencia? Espacios de soledad, abiertos no obstante a ser habitados. Espacios íntimos, en unos casos, y distanciadamente lóbregos, en otros. Rincones para meditar o ámbitos para la espera, pero siempre se trata de cosmos ordenados.
Pocas veces, como esta, el objeto artístico parece dotarse, por igual, de rigor y de una cierta expresividad, de manera tan inmediata e intensa, frente a nuestra mirada, incluso hasta el extremo de transformarse abiertamente en arquitectura imaginaria o en geometría vivida, tal como sucede, muy en particular, en el desarrollo de los murales de Enric Mestre: sus no menos impactantes placas de gres chamotado y barniz. En sus trazados reticulares, en sus juegos de líneas, diríase que late expresa- mente el pulso del gesto, la huella del trazo, como queriendo aportar el latido humano a la propia geometría, que emerge de la obra. A decir verdad, siempre me han sorprendido los paneles murales de Enric Mestre, tan directamente enlazados con su particular actividad pictórica, sus acrílicos sobre lienzo. La pulcritud de su realización, el tour de force de sus estudiados y limpios cromatismos, la minuciosidad de su trazado, los juegos de luz, desplegándose entre sus brillantes tratamientos y el reto de su extensa concepción, a base de prolijas series, no son sino otros tantos motivos para admirar e incidir, una vez más, en el valor de este tipo de impactantes propuestas plásticas. No es pues coyuntural, teniendo en cuenta la extensa y consolidada trayectoria de Enric Mestre, que debamos contarle entre los más destacados escultores internacionales, que han decidido atender a la riqueza y versatilidad de la cerámica, con total entrega y rigor. En realidad, una vez conquistado por el medio cerámico, más que explotar fácilmente sus conocidos rendimientos, siempre ha preferido, por el contrario, explorar y poner a prueba sus posibilidades, dialogando con el ejercicio de la pintura, como prueba de fuego testimonial de sus secretas capacidades constructivas. Quizás sea ese y no otro el verdadero camino, de ida y vuelta, que ha sabido recorrer.

 

Jamás, en ningún punto de su itinerario, se ha tratado de potenciar una aventura puntual o de hilvanar una escueta y aislada experiencia, antes al contrario, su profesionalidad ha ido totalmente pareja con sus escalonados logros. Cada vez más estricto en sus investigaciones y con menos concesiones a cuanto no sea fruto del trabajo, del reto personal y de la exigencia creativa, Enric Mestre ha sido y es uno de los puntales que más sólidamente ha sabido normalizar la no siempre fácil situación de la escultura cerámica, entre las diversas manifestaciones artísticas contemporáneas. En este caso, sus construcciones imaginarias y las explícitas geometrías de sus murales son, sin duda, un inmejorable doble ejemplo de cuanto se acaba ahora mismo de apuntar. No solo el dominio y el nivel de los medios y recursos técnicos empleados algo que debería siempre darse por supuesto, sino además la exigente concepción de cada uno de sus proyectos de trabajo, la riqueza de aso- ciaciones y el rigor crítico, que vertebra sus aportaciones artísticas son, resumidamente indicadas, algunas de las claves que argumentan y respaldan, efectivamente, el destacado lugar que, sin duda alguna, el magisterio de Enric Mestre ocupa en el panorama de las artes plásticas de nuestra época, tanto desde la escultura cerámica como desde la pintura insistimos, en las que sabe arbitrar conjuntamente un común denominador de potente y resuelta base constructiva.
No tenemos, pues, fácil la resolución operativa del secreto homenaje al artista, que cada exposición supone. Reconocimiento en el que nos hemos embarcado, los distintos visitantes de los espacios del Castell de Riba-roja, dedicados, con pleno acierto, al arte contemporáneo, desde nuestra angulación respectiva, potenciando determinadas relecturas de alguna de sus plurales y complejas experiencias artísticas, siempre a caballo entre la pintura y la escultura cerámica. Aunque, en este caso, la dificultad devenga estímulo y la persistencia de la experiencia estética emprendida facilite el reto, una y otra vez, de dialogar “con” Enric Mestre o encarar la aventura admirativa “desde” su fecundo y dilatado magisterio.
Junio 2018